Madre Mormona lucha por la inclusión LGBTQ en su Iglesia

junho 4, 2017

Familia Montgomery aliados LGBTQ

Por Wendy Montgomery

Crecer en un ambiente religioso muy conservador, hizo que nuestro mundo se pusiera al revés cuando nuestro hijo de 13 años de edad, se sinceró nosotros acerca de su sexualidad. La curva de aprendizaje fue empinada ya que no habíamos sido educados sobre todas las cosas relacionadas con la comunidad LGBTQ.

Hace siete años, antes de que nuestro hijo saliera del closet, nuestro Obispo vino a nuestra casa y preguntó si estaríamos involucrados en la campaña de apoyo a la proposición 8 en California. Desde la infancia, me enseñaron que si la iglesia te pedía que hicieras algo, lo harías. Ya que los mormones creen que nuestros líderes hablan con Dios, pensamos que estábamos siendo obedientes a Dios. Estuvimos de acuerdo en participar.

Transcurrieron cuatro años a enero de 2012. Nuestro hijo mayor tenía 13 años, y él acababa de decirnos que era gay, con lágrimas y temor, se sinceró con nosotros y yo lo envolví literalmente entre mis brazos. Quedamos abrazados durante unas dos horas, puse mis manos en sus mejillas, le hice mirar directamente a mí y le dije cuánto lo amaba, cómo esto no cambiaba nada para mí y cómo es perfecto a mis ojos. Mi esposo y yo prometimos que lo ayudaríamos, lo apoyaríamos y estaríamos a su lado a través de todo. Nunca ha habido un solo momento en los últimos años cuando mi hijo ha tenido que preguntarse si lo amábamos o lo aceptamos.

Mi participación activa para quitar los derechos de otros en 2008 todavía me hace sentir llena de vergüenza. Siempre me arrepentiré de formar parte en la Proposición 8, y sé que todavía tengo mucho para expiar. Debido a nuestras acciones, mi hijo (y muchos otros) creían que sus padres y su Iglesia odiaban a los gais.

Wendy y Jordan de niño A lo largo de su juventud, le enseñamos que la forma más pura y real de alegría y plenitud que podía tener en esta vida era casarse en el templo con una mujer y tener una familia. Sin embargo mientras estábamos inculcando lo que creíamos que era la lección correcta, poco sabíamos que esto no estaba destinado para él. En su mente adolescente, los mensajes que escuchó mi hijo sonaron como: «Porque eres gay, no eres digno delante de Dios. Hay algo en ti que esta desviado, equivocado y no encaja aquí. Nunca tendrás la felicidad que el resto de tu familia tiene. Y no podrás estar con tu familia en el Cielo.»

Mi hijo internalizó estos mensajes, generando un sentimiento de autodestrucción. Se acercaba peligrosamente al suicidio. Sólo el distanciarse del lado dañino de la Iglesia Mormona es lo que ha aliviado su sufrimiento interno y la desesperación que lo empujaba hacia medidas tan extremas.

Y no sólo mi hijo tuvo que aprender lecciones difíciles —yo también tuve que enfrentar la verdad. He llegado a entender que a pesar de los intentos y buenos propósitos, no hay lugar para mi hijo gay en la Iglesia en la que he creído y amado toda mi vida. Aunque el tono de algunas de las declaraciones de nuestros líderes eclesiásticos se ha suavizado, la política sigue siendo la misma. Cualquier relación homosexual puede resultar en la excomunión de la fe.

Así, nuestro hijo se ha alejado de la Iglesia, con nuestra bendición. Él es emocional y espiritualmente más seguro con la distancia. Todavía soy una mormona activa y practicante, a pesar de la miríada de preguntas sin respuesta que tengo. Muchos preguntan por qué me quedo.

Me quedo para que otros gais, especialmente los jóvenes, sepan que tienen una amiga sentada allí con ellos. En los últimos tres años, he conocido a cientos de Mormones LGBTQ, he llorado con ellos mientras escucho sus historias, las cuales se están haciendo muy familiares: Su dolor y miedo a ser vistos por sus familias como menos que nada, como pecaminoso, o escuchando que son una abominación. Muchos han sido desechados y expulsados ​​de sus hogares y congregaciones. Estos dulces niños homosexuales son a menudo los más vulnerables entre nosotros, y en vez de unirlos, los herimos más profundamente, a menudo de manera irreparable.

Pride, orgullo gay LGBTQEstas heridas conducen a muchos al borde del suicidio, como mi hijo. Necesitamos ser mejores en amar y apoyarlos. La tolerancia simple no es suficiente: Debemos celebrar quiénes son nuestros hijos, incluyendo su belleza y diversidad.

Me quedo para que otros padres puedan tener un ejemplo positivo de cómo amar, aceptar y apoyar a su hijo gay, en lugar de sucumbir al pantano de la desinformación sobre las personas LGBTQ dentro de la fe, lo cual en muchas ocasiones termina en el rechazo hacia nuestros chicos. Me quedo porque, incluso con todo esto, esta sigue siendo mi Iglesia, también. Me quedo porque veo a Dios en mi trabajo como un aliada LGBTQ, y como abogo por que todas las voces sean escuchadas. Me quedo porque en mi corazón creo que, a pesar de sus defectos, la Iglesia es un vehículo que me lleva hacia Jesucristo.

Donde no encuentro amor, tengo la oportunidad de crear amor. Me siento como alguien más semejante a Cristo, lo único que puedo hacer es quedarme y buscar formas de crear amor por aquellos que de otra manera no lo sentirían en la Iglesia, aunque eso signifique que a veces me siento incómoda y desalentada.

Hacemos que muchos de nuestros líderes de la Iglesia y otros miembros se sientan incómodos por la postura que hemos adoptado al abogar por nuestros hermanos y hermanas homosexuales. Porque a pesar de las palabras dolorosas y las acciones de aquellos que no les gusta lo que hacemos, sé que estamos del lado correcto. Me siento llamada a este trabajo y siento profundamente el amor de Dios cuando estoy con sus hijos LGBTQ. Son algunas de sus luces más brillantes y es un honor para mí asociarme con ellos.

Sobre todo, he aprendido una simple verdad: EL MANTENER SILENCIO NO AYUDA A NADIE. No sirve a mi hijo, mi familia, la comunidad LGBTQ, mi conciencia o a mi Salvador. Sólo perpetúa el problema, y ​​no hace nada para disminuir el dolor y las injusticias experimentadas por tantos que amo.

Soy una mejor persona por tener un hijo gay. Lo que algunos han pensado erróneamente que ha sido una carga tan grande se ha convertido en una de mis mayores bendiciones. La venda de los ojos que ni siquiera sabía que llevaba puesta ha sido arrancada. Yo juzgo a la gente menos. Amo a la gente más. No me fijo en estereotipos, en vez de eso, he aprendido a mirar en los corazones de los que me rodean.

Mi religión no me enseñó a amar. Mi hijo lo hizo.

Soy una mamá dragona, para mi hijo y para cualquier otro chico o chica gay, lesbiana o transgénero que me necesite. Lucharé por tí, te amaré y respiraré fuego por ti. Porque es lo que desea de mí el Dios en el que creo.

Para ver “Las familias son Eternas” (“Families Are Forever”), el documental de la familia Montgomery (producido por The Family Acceptance Project), click aquí.

Originalemente publicado en inglés aquí.

Traducido por Isra Flores Alvarez, y publicado en español aquí.

Postado em:

Receba o boletim eletrônico da Afirmação com conteúdo como este em sua caixa de entrada!

  • Este campo é para fins de validação e não deve ser alterado.

Deixe um Comentário