Mi vida en cuatro estaciones

11 de noviembre de 2021

por Edmon “Augustus” García

Mi vida en esta tierra inició, como inician las floraciones preceden a la primavera. Esta es mi historia, la historia que hoy comparto contigo. Desde muy pequeño siempre supe lo que quería y amaba, me consideraba un chico completamente maduro para la edad que tenía y a los 4 años mi gusto por los chicos ya era algo que cobraba conciencia en mí y en mi identidad.

Era un niño muy dulce y solitario, no salía ni tenía interacción con nadie, por miedo a que me ignoraran o, tal vez, por miedo a que se burlaran de la forma en que hablaba, así que de pequeño no socializaba con, prácticamente, casi nadie en mi entorno, sólo con mis padres y algunos familiares muy cercanos a mí.

También recuerdo notar cosas que ya marcaban una diferencia con los demás niños, tal como se diferencia la escarcha del invierno con el calor del verano, ya que gustaba jugar con las niñas, además, siempre me llamaba la atención las cosas femeninas. Siempre tuve una mentalidad completamente distinta a la de los demás, no me gustaba pensar que los niños sólo pueden jugar con los niños y las niñas entre ellas, eso me parecía completamente ridículo y nunca llegué a hacerle caso a las normas sociales.

Á medida que fue pasando el tiempo y llegue a la etapa de la adolescencia, ya tenía completamente definido mis gustos por los chicos, pero no me atrevía a decirle a nadie por un miedo terrible al rechazo. Recuerdo que mi mamá siempre me preguntaba qué era lo que me gustaba—refiriéndose a las chicas—y yo hacía cualquier cosa para esquivar esas preguntas, ya que venía de una familia completamente estricta y conservadora, con un padre militar y una madre religiosa.

Seguía transcurriendo el tiempo, y con él, sus estaciones, cuyos inviernos tristes se hacían cada vez crudos, en medio de mi profunda soledad y los miedos que herían mis sentimientos como helados cuchillos. Al entrar a la secundaria no me sentía nada atractivo, ni cómodo conmigo mismo. Sentía, incluso, que mi Padre Celestial no me aceptaba, y mucho menos me amaba. Fue una de las peores etapas que viví dentro del closet puedo decir que empezó el invierno de mi vida esa estación fría y solitaria en la cual el bullying se presentó, de la manera más cruel, como una ventisca tormentosa que todo lo arrasa a su paso, causando un caos emocional y espiritual en mí.

A pesar de todo eso, había un susurro cálido, el cual me decía que yo no estaba mal, que solo mi pensar y sentir eran distintos, yo sabía, muy en el fondo, que ellos estaban mal, al no amarme y aceptarme tal como Jesucristo lo hacía, porque yo sólo tenía una orientación sexual diferente, no le estaba haciendo daño a nadie. Sin embargo, el dolor del invierno era muy intenso, y los golpes, humillaciones y desprecios de las personas siempre estuvieron presente. Llegué a cometer intento de suicidio más de 3 veces, porque el sufrimiento del bullying me hizo sentir que no valía, simplemente no pertenecía en este mundo; llegué a tener pensamientos completamente horrendos, alteración del sueño y el apetito.

Al pasar los años a la edad de 15 años decidí decirle a mi mamá que me gustan los niños, la reacción no fue la que me esperaba, desde entonces el caos empezó. Las miradas extrañas, de asco y repulsión se hicieron más frecuentes. Me han echado de mi casa desde los 15, he dormido en lugares extraños, pero nunca en las calles, siempre hubo un angelito a mi lado que no me desamparada jamás y no permitía que nada me pasar.

Me llegue a refugiar en el alcohol, en el cigarrillo y en las salidas constantes para fiestas, pero sólo por el vacío que había en mí, sabía que mi vida no iba para ningún lado y eso me frustraba más. Un día de ese crudo invierno, decidí orar, recibiendo la respuesta de que un día llegaría la primavera. De esta manera, sentí el impulso de poner todo en su lugar y asumir la responsabilidad de las cosas que pasaban en la vida, a luchar, a seguir adelante por mí, y por lo que quiero.

En el Liceo me declaré abiertamente gay y levanté la voz para que me respetaran, defendiendo a capa y espada a todo niño o niña que estuviera siendo amenazado o amenazado; tal y como yo lo había sido antes. Después de hacer eso el bullying desapareció, e incluso llegaron a querer me y defenderme, entendiendo que el milagro inició cuando empecé a amarme y a defenderme yo primero.

En mi casa hice exactamente lo mismo, aunque no tuvo al instante el resultado que quería poco a poco se fue ablandando todo, más tolerancia, más respeto, más AMOR. Entendí entonces, que El Padre Celestial me amaba, y que a pesar de las envestidas ocasionales del invierno, el sol sigue brillando.

A pesar de que sentía que el invierno no se iba de mi vida, de que mis ramas y mis raíces estaban secas, yo, continuaba...

Á pesar de que me echaron de mi casa a temprana edad, y que mis padres llegaron a sentir rechazo hacia mí, yo los amo, y continúo...

Aunque fui expulsado de mi casa a una edad temprana por padres a quienes no les agradaba, los amo y seguí adelante.

Á pesar de los golpes, humillaciones, decepciones y enemistades yo continúo...

Porque ahora abrí mis ojos, porque ahora encontré en el invierno de mi vida, la paz.

Porque descubrí que la alegría del verano siempre estuvo en mí, pero no dejaba que brillara, o simplemente, no sabía que ahí estaba.

Porque yo mismo soy la primavera de amor propio y que el arco iris ahora está brillando a mi favor y junto a mí, como señal de la promesa de que mi Padre Celestial siempre me acompañará.

Entendí que llegó mi primavera en cuatro estaciones, al fin me encontré, se quién soy.

No te rindas. Ser feliz. Lo más importante es ser feliz de ser el auténtico tú que ama nuestro Padre Celestial.

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