Mujer transgénero que proyectaba templos SUD

July 28, 2017

Después de liderar congregaciones SUD y diseñar Templos, este padre de Utah está construyendo una nueva vida… como mujer

A pesar de su excomunión, este expresidente de estaca, quien antes diseñaba templos todavía cree y asiste a la Iglesia.

Laurie Lee Hall fue excomulgado de la Iglesia mormona por ser una mujer.

Por lo menos, así lo ve ella.

Ella es una expresidente de estaca, quien supervisó un grupo se congregaciones mormones en Tooele por ocho años y trabajó como arquitecto en los más sagrados espacios de su fe, enfrentó en su mente una decisión imposible: o se volvía a vivir como hombre el resto de su vida, o se renunciaba a su membresía en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días..

Renunciar a su identidad como mujer causaría un grave daño a su salud mental y física, dice Laurie: «Y no estaba en mi corazón renunciar a mi membresía».

Y así, el 4 de junio, muchos hombres que sirvieron en el liderazgo de Tooele con ella, convocaron un consejo disciplinario y ya no la consideraron parte de la religión que ella todavía ama.

Días después, Laurie se unió a sus excolegas en el departamento de diseño de Templos en un tour por la nueva área que construyeron expandiendo el Centro de Capacitación Misional en Provo, su último proyecto para la Iglesia..

Ella fue presentada al grupo —que incluía diseñadores SUD, oficiales, líderes y misioneros— como uno de los arquitectos en jefe de la reforma del Centro de Capacitación Misional. Ella se sintió honrada y respetada —aún en vestido.

Tal aceptación «le hizo bien a mi corazón», la mujer de 56 años recuerda durante la entrevista con Salt Lake City Tribune. «Fue un contraste con mi excomunión».

Ese momento público encapsuló su viaje de décadas en el mormonismo y ayudó a emerger su yo femenino de su lugar escondido.

Pero todavía había mucho para recorrer.

Misión, matrimonio y motivos, en su niñez y su adolescencia como un sensible chico de Massachusetts, Laurie enfrentó el habitual ración de burlas, insultos y bullying. No llegando a reflejar la imagen del adolescente recio de la escuela, ella llegaba a su casa cada noche y se vestía con ropas de mujer.

«Estaba desesperada por ser la joven mujer que mi cuerpo me estaba diciendo que nunca sería», ella dijo al podcaster John Dehlin en una entrevista en vivo  en Facebook, en la sección «Historias mormonas» el martes.

Ella estaba tanto avergonzada como aterrorizada ante la posibilidad de que alguien pudiera descubrir su secreto.

Ir al colegio en el Instituto Politécnico de Rensselaer al norte del estado de Nueva York parecía una buena oportunidad para enterrar su identidad femenina para siempre.

Allí fue donde ella conoció el mormonismo, cuando un compañero de primer año le dio una copia del Libro de Mormón. Mientras se estaba recuperando de una enfermedad en la enfermería de la escuela, ella le dijo a Dehlin que devoró el libro y experimentó la confirmación espiritual de su veracidad.

«Una vez que supe la verdad», dijo ella «necesitaba actuar de acuerdo a ella».

Ella se convirtió con la esperanza de que sumergirse a sí misma en su nueva fe le ayudaría a «poner el asunto del género a un lado». En dos años estuvo sirviendo en una misión en Argentina. (En ese tiempo la misión para los varones era de dieciocho meses, entonces, ella señala, que ella sirvió la misma cantidad de tiempo que una «hermana misionera» hace hoy.)

Cuando retornó a su educación en arquitectura, Laurie conoció su futura esposa en un barrio de Troy, Nueva York. La pareja se casó en 1985 en un lugar de ensueño, el Templo SUD de Washington D. C.

Ella amaba a su esposa, pero no compartía ninguno de sus luchas con su género —no había palabras para describirlo en ese tiempo— retratándose a sí mismo lo mejor que podía como hombre.

La pareja rápidamente tuvo cuatro hijos. Aunque Hall creyó que el matrimonio y la familia le ayudarían a «curar» sus sentimientos femeninos, tuvo el efecto contrario.

«Vivir con otra mujer hizo las cosas difíciles para mí,» Laurie le dijo a ‘The Tribune’. «Ella estaba viviendo la vida que yo quería vivir, hacía las cosas que yo quería hacer —mientras yo enfrentaba los desafíos de ser un hombre por ella.

Laurie tuvo tanto éxito en su farsa que su esposa no tenía ni idea qué se le estaba viniendo.

Mudándose aquí, yendo arriba

Eventualmente el estrés de vivir una mentira le pasó factura a su salud emocional y física. A principios de 1996 ella renunció a su trabajo en una firma de arquitectos  de Albany y cayó en una depresión profunda, deseando suicidarse e incapaz de realizar cualquier tarea.

Qué mantenía a la entonces treinta y algo de edad, alejada de terminar con su vida, ella le dijo a Dehlin, que fue el conocimiento que «mi esposa y Dios me amaban, eso fue suficiente para darme cuenta que había esperanza».

Laurie encontró un terapeuta, quien le urgió que cambiara su lugar de residencia o su trabajo o ambos, pero ella nunca le dejó ver la verdadera causa de su aflicción.

Más tarde ese año, la familia se mudó a Utah, donde Laurie encontró un trabajo de arquitecto en la Iglesia SUD, concretamente en nuevos edificios en Walfare Square en el oeste de Salt Lake City. Su entrenamiento y habilidades continuaron llevándola hacia arriba en su carrera, llegando a ser finalmente Jefe de Arquitectos en el Departamento de Diseño y Construcción de Templos. En ese puesto ella trabajó en, aproximadamente, cuarenta templos, incluyendo uno de sus favoritos: la reconstrucción del templo de Provo City Center.

En ese tiempo, Hall también fue subiendo en puestos eclesiásticos. Pronto después de llegar a Beeheve State, Hall fue llamado como obispo, el líder responsable de la congregación en Tooele, y luego llegó a ser el presidente de estaca.

Esas responsabilidades eclesiásticas, combinadas con las obligaciones familiares (durante esos años la pareja adoptó una niña de Ucrania) y la carga del trabajo, ayudaron a mantener los sentimientos de identidad real de Laurie en secreto. Pero no para siempre.

Despertar

En el otoño de 2010, Laurie fue ingresada en el hospital durante 11 días por lo que finalmente fue diagnosticado como colapso del colon. Tomó un tiempo para averiguar lo que estaba mal y para mejorar.

Ella permaneció en la cama, reflexionando sobre su camino, personal y profesionalmente, y descubrió  que «había muchas cosas en mi vida que no me gustaban».

Principalmente cosas masculinas.

Laurie dejó el hospital decidida a «ponerse en contacto con la parte más profunda de mí», recuerda, «lo cual incluía permitir que la cuestión del género saliera de donde estaba encerrado».

Ella se enfrentó a sus preguntas y descubrió las palabras que describían lo que había sentido desde que era una niña: disforia de género.

Dentro del plazo de un año, comprendió que ella era Laurie y que tenía que vivir esa verdad. De rodillas en oración, en noviembre de 2011, Laurie sintió una confirmación divina de su identidad femenina.

Ella no estaba preguntando a Dios si era una mujer, sino que estaba hablando a la divinidad por primera vez como una mujer, y Dios le estaba respondiendo como a una mujer.

Ahora era el momento de decirle a su esposa, que había sido, y sigue siendo, su primer amor y mejor amiga.

«Se rompió su corazón al escuchar la noticia», dice Laurie, las lágrimas brotaron con la memoria. «Terminé su sueño de una familia tradicional aquí y en el más allá, era una cosa que no entendíamos completamente, pero que era extremadamente preocupante para ella.»

Su esposa vio por primera vez el dolor insoportable que su cónyuge había soportado durante gran parte de su matrimonio: los conflictos internos, los pensamientos suicidas, la agonía del descubrimiento, la lucha para armarse de valor.

Entonces llegó la ineludible necesidad de Laurie de convirtierse, finalmente, en la mujer de sus sueños. Añadió un toque femenino a su estilo, dejó que su pelo creciera y pocos años después comenzó la terapia de reemplazo hormonal.

La pareja les dijo a sus hijos juntos. Todos, excepto uno, aceptaron a su papá como mujer.

Era hora de ser auténtico, dice Laurie, o morir.

Viviendo su verdad

Cuando los líderes SUD de Laurie supieron de sus problemas de identidad de género en 2012, la relevaron silenciosamente como presidente de estaca. Ella había servido por ocho años así que no levantó ninguna sospecha.

Pero ella había visto su evolución durante sus años en el liderazgo del sacerdocio mormón.

Laurie se había enfocado a trabajar con las líderes de la Sociedad de Socorro, señala, y «estaban encantadas con la atención que recibían de un líder experimentado de la estaca».

Al ponerse en contacto con su lado femenino, dice: «Estaba cambiando mi actitud y mi corazón, y la forma en que trataba a la gente y los problemas. [Yo descubrí] aspectos de mi persona masculina que realmente no me gustaban».

Cuatro años después de ser relevado de ese llamamiento, ella ya no podía soportar la discrepancia entre su yo interno y externo. Llegó con su obispo SUD en el mismo barrio que una vez había dirigido. El nuevo obispo era abierto y tolerante. Juntos, dice Laurie, trazaron un plan para informar a los demás miembros del barrio.

El primer domingo de julio de 2016 (en una reunión en que los mormones suelen dedicar para expresar sus testimonios de fe), el obispo se levantó y se dirigió a la multitud. Habló sobre el apoyo y el respaldo para los que son diferentes, incluyendo los miembros transgénero.

Luego se paró Laurie, vestida como el hombre que la congregación creía que era. Ella caminó con calma hacia el púlpito y contó su historia, dijo, pidiendo la comprensión y compasión por la que había exhortado su obispo.

«Disfruté caminar de vuelta a la sexta fila donde estaba mi asiento» dice ella con un poco de sarcasmo. Se preguntaba cuánts de sus oyentes asistirían a la escuela dominical para adultos que estaba enseñando.

«Algunos lo hicieron, otros no, y vinieron algunos que no habían venido antes», dijo Laurie. «Algunos me dijeron que era la reunión más espiritual a la que habían asistido».

Ella continuó asistiendo a la capilla semanalmente con su esposa y su hija, ahora adolescente, todo el tiempo con una apariencia y un traje más femeninos sintiéndose mucho más cómoda.

«Fue un gran regocijo vivir auténticamente», dice Laurie, «llegar al corazón de otros que podrían estar al límite también».

Todo estaba bien, hasta hace un mes, cuando fue excluída como miembro de la Iglesia mormona.

El portavoz de la Iglesia SUD, Eric Hawkins, rehusó hacer comentarios al respecto, señalando que las acciones disciplinarias son decisiones locales y confidenciales.

Por su parte, la fe mormona no ha tomado una posición clara sobre las personas transgénero. Las pautas oficiales de la Iglesia indican que «la cirugía de reasignación de sexo», a la que Laurie no tiene planes de someterse, «puede ser motivo de convocar un consejo disciplinario en la Iglesia».

En septiembre de 2016, Laurie se retiró como arquitecto de la Iglesia y, en enero, constituyó «Pathways», una consultoría de desarrollo profesional y entrenamiento profesional. También fundó el «Families and Gender Variance Project», que busca fortalecer el amor, la empatía y la comunicación entre las personas que cambian de género y sus familias.

A pesar de todo esto, su fe en los principios fundamentales del mormonismo, -un Dios amoroso, el ministerio de Jesucristo, su expiación y su resurrección y la influencia del Espíritu Santo -, nunca han vacilado.

Experimenta tal espiritualidad diariamente, dice ella, mientras tanto permanece casada y va a la Iglesia cada semana.

Naturalmente, Laurie está «desepcionada con la posición de la Iglesia acerca de los asuntos de personas transgénero», dice, «y amaría ver un mayor nivel de comprensión para las personas en mi situación».

¿Estaría dispuesta a considerar en ser rebautizada en la fe que la rechaza?

«Sí, absolutamente», dice Laurie, «pero la próxima vez espera entrar en las aguas bautismales como mujer».

Puedes leer el artículo original en inglés aquí

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