La promesa de Santiago (Preguntando a Dios acerca de ser LGBT)

March 11, 2017

Escrito por: Isra Flores Álvarez

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es movida por el viento y echada de una parte a otra…

Santiago 1: 5-6

Esta hermosa declaración es probablemente la escritura más relevante para cualquier SUD, así como la base de nuestra creencia en la revelación personal y la confirmación espiritual de la verdad. Es algo que debe ser básico en nuestras vidas. Como miembros LGBT recibimos respuestas de la Iglesia que parecen no tener sentido en nuestras vidas, y que a menudo hacen que cuestionemos e incluso dudemos de nuestro conocimiento y experiencias personales. Sin embargo debemos recordar que la doctrina de la Iglesia está evolucionando y que se necesitan revelaciones periódicas para corregir malentendidos sobre el evangelio. Recordemos que los líderes de la Iglesia no son perfectos y que a veces Dios retiene la verdad hasta que su pueblo la pida y esté listo para ella.

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría…

Bueno, si alguien necesita sabiduría, somos precisamente los chicos y chicas LGBT que crecemos en la Iglesia. La experiencia que vivimos es confusa para la mayoría, ya que nos enseñan cosas que sabemos, no son verdaderas, y porque encontramos belleza y bondad en cosas que otros piensan que son malas. Aún más problemático, es que muchos de nosotros llegamos a la conclusión de que somos malos, y que Dios nos odia. Nuestra mejor esperanza es la promesa escrita en Santiago, la misma promesa que llevó a José Smith a orar y a recibir la primera visión.

Pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada…

Hay un par de puntos importantes en este fragmento. Dios da a todos los hombres, abundantemente, a todo el que lo pida, sin reproches. Esto significa que Nuestro Padre Celestial nos permite hacerle cualquier pregunta, y nos promete una respuesta. Reprochar significa encontrar fallas, reprender o regañar. Dios no hará eso. Podemos preguntarle cualquier cosa.

A los miembros de la Iglesia se nos dice que oremos acerca de la veracidad del Libro de Mormón, pero luego somos llevados a creer que nuestra respuesta a esa pregunta se aplica globalmente a todo lo que alguna vez fue enseñado por un líder de la Iglesia. Esto es problemático para todos los mormones cuando descubren que desde la restauración, los líderes han enseñado muchas cosas contradictorias. Esto es especialmente relevante para nosotros porque la Iglesia ha enseñado muchas cosas en el pasado acerca de las personas LGBT que sabemos que son falsas. Por esta razón la revelación personal es esencial. Necesitamos orientación para determinar cuáles de estas cosas son verdaderas.

Analicemos esto con más de detalle. Supongamos que hago una oración y recibo una respuesta de que José Smith es un profeta y que el Libro de Mormón es palabra de Dios. ¿Qué significa esto? Bueno, significa que debemos cuestionar más. Al igual que José Smith, todavía debemos preguntar «¿Debo unirme a la iglesia», e incluso preguntar «¿A qué Iglesia debo unirme?» Esta pregunta no fue contestada automáticamente cuando supimos que el Libro de Mormón era verdadero. Así que tenemos que estudiar y pedir a Dios. Sin embargo nuestro deber todavía no está hecho. Tenemos que hacer preguntas específicas a Dios sobre temas que impactan a lo largo de nuestras vidas. Por ejemplo, si escuchamos instrucciones contradictorias en la Conferencia General sobre ‘tolerancia’ frente a ‘límites de tolerancia’, entonces necesitamos pedir nuestra propia confirmación de lo que es verdad. Si escuchamos a un apóstol preguntar «¿Por qué Dios haría esto a alguien?», Podríamos tener que preguntar «¿Por qué Dios me hizo esto?»

La mayoría de los miembros de la Iglesia piensan que las relaciones del mismo sexo están equivocadas, y que tales inclinaciones son del diablo. Declararán que «Dios ha hablado». Sin embargo tenemos experiencias muy personales que nos hacen dudar, por lo que tenemos derecho a nuestra propia revelación sobre eso. Si Dios no nos ha hablado personalmente, debemos preguntar. Él no nos reprochará nada.

Pero pida con fe, no dudando nada…

La mayoría de los mormones interpretan que estas palabras como: «Debes tener fe en lo que nos enseña la Iglesia, y entonces el espíritu confirmará esto por ti». Sin embargo, eso no es lo que dice la escritura. De hecho, esa interpretación no nos ayudará a llegar a la verdad, porque para recibir la verdad debemos estar abiertos a las ilimitadas posibilidades divinas. Al contar con una sola respuesta, estamos negando a Dios la alegría de darnos SU respuesta. Esta importante escritura nos dice que debemos tener fe en que Dios nos dirá SU verdad. Esto también significa que tenemos que estar abiertos a cualquier posibilidad. Tenemos que acudir a Dios dispuestos a renunciar a cualquier noción que tengamos acerca de cuál será la respuesta. Podemos estudiar y reflexionar sobre nuestra pregunta, llegar a nuestra propia conclusión e incluso tener una esperanza o un deseo de que nuestra creencia se confirme, pero al final, Dios no puede responder si no aceptamos una de las posibles respuestas. Por ejemplo, si voy a Dios pidiéndole que confirme que el Libro de Mormón es verdadero, entonces necesito estar abierto a la posibilidad de que diga que no. Si no estoy abierto a eso, no estoy confiando plenamente en Dios. Lo mismo ocurre si le pregunto sobre mi orientación sexual o mi elección de vida. Tenemos que abrirnos para escuchar una respuesta que quizás no esperamos.

Nuestra expectativa más básica es que Dios confirme todo lo que escuchamos en la Iglesia. Eso tiene sentido desde una perspectiva mormona, pero como LGBT tenemos que estar abiertos a diferentes posibilidades. Esto es difícil para algunos, porque muchos de nosotros hemos crecido con tantos mensajes negativos que los internalizamos como auto-odio. Esto puede dificultar que estemos abiertos al amor de Dios y a su guía. Esto se convierte en una barrera para la fe que necesitamos mostrar en la Deidad. La fe tiene que ser una disposición a aceptar su respuesta. Tiene que ser una voluntad de aceptar un viaje único. Tiene que ser una voluntad de aceptar que lo que aprendiste en casa, en la escuela e incluso en la iglesia puede no ser completamente cierto o correcto. Para que esta promesa sea válida, realmente tenemos que acudir a Dios, sin condiciones previas.

Los testimonios son importantes, porque nos ayudan a aprender de otras personas cómo fueron capaces de recibir la guía de Dios. Como mormones LGBT necesitamos escuchar las experiencias de otras que han hecho estas preguntas. He estado escuchando muchos testimonios del poder salvador del amor de Dios. He oído cómo las personas han puesto sus vidas en la mano de Dios, y cuán sorprendidas estaban cuando recibieron una intensa e incuestionable experiencia. Esta afirmación ayudó a algunos de ellos a aceptarse como personas LGBT, ayudó a otros a aceptar a sus hijos LGBT, llevó a algunos de ellos lejos de la Iglesia, llevó a otros a la Iglesia, confirmó a algunos de ellos que Dios quiere que ellos permanezcan en las relaciones que han creado con sus parejas. Confirmó a otros que Dios quiere que se preparen para un matrimonio con alguien de su mismo sexo. No han recibido detalles de cómo todo funcionará en el plan de salvación, pero han recibido confirmaciones de que el plan de salvación los incluye a ellos, a sus parejas y a sus familias.

Un mormón típico podría decir: «Si va en contra de las enseñanzas de la Iglesia, entonces es del diablo y no de Dios». No estoy de acuerdo con esa conclusión. Si José hubiera ido a Dios con esa clase de actitud, nunca se le hubiera dicho que no «se uniera a ninguna iglesia». Si Spencer W. Kimball hubiera ido a Dios con esa misma actitud, entonces las restricciones del sacerdocio para la gente de color continuarían. Tenemos derecho a la revelación personal para guiar nuestras vidas. No podemos adivinar la revelación de otros y decirles que la respuesta que obtuvieron estaba equivocada. Tenemos que vivir de acuerdo con nuestros propios dictados, los cuales deben estar basados en esta guía prometida por Dios. La única manera de estar seguro es dar el salto de fe.

 

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