La Asociación Cristiana de Jóvenes, las relaciones entre personas del mismo sexo, y el evangelio: Una entrevista con John Donald Gustav-Wrathall

August 6, 2014

Hugo Salinas
Abril del 2007 

En la conferencia de Pórtland tuve el placer de conocer a John Donald Gustav-Wrathall, un mormón gay de Minneápolis que hace casi diez años escribió un libro acerca de las relaciones entre personas del mismo sexo en la Asociación Cristiana de Jóvenes: Take the Young Stranger by the Hand: Same-Sex Relations and the YMCA (Chicago & London: The University of Chicago Press, 1998). Mejor conocida por sus siglas en inglés YMCA, la Asociación Cristiana de Jóvenes es una organización atlética para hombres, mujeres y niños, pero históricamente era una organización solo para hombres.

Recientemente John decidió empezar un capítulo de Afirmación en la zona de Minneápolis/Saint Paul. A pesar de que hace ya 14 años que vive con su pareja, John también ha decidido regresar a la Iglesia Mormona, una experiencia que describió recientemente en un artículo de la revista Sunstone titulado “A Gay Mormon’s Testimony” (Sunstone, Abril del 2006, 52-57). Esta entrevista la realicé el último día de la conferencia de Pórtland, mientras hacíamos una excursión en autobús. 


En tu libro tú describes los profundos vínculos emocionales que en el Siglo 19 y principios del Siglo 20 muchos hombres solían establecer en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Sin embargo, eres mucho más tentativo en atribuirle a esas relaciones una dimensión sexual. ¿Por qué? 

En primer lugar, porque no hallé evidencia de que hubiera una dimensión sexual. No quiero decir que forzosamente no la había, pero en base a lo que ya sabía acerca de estos hombres, su devoción religiosa y espiritual, incluso en el caso de que hubiese habido cierto elemento de atracción sexual (y supongo que en algunos casos lo puede haber habido), es muy probable que lo hayan sublimado y expresado mediante estas relaciones muy intensas que entablaban. Yo creo que eran relaciones emocionales y probablemente sin una dimensión sexual. 

Además, en base a mi propia experiencia de haber crecido en un hogar mormón y en un ambiente muy conservador, descubrí muchas similitudes entre la cultura espiritual de los jóvenes de la Asociación YMCA y la cultura en que me tocó crecer. 

¿Cómo es que los programas de educación sexual promovidos por la Asociación YMCA a principios del Siglo 20 terminaron por socavar la tradición del “solterón de la YMCA”? 

Cuando la Asociación YMCA empezó a poner más atención a la homosexualidad y empezó a enseñar que la homosexualidad era algo patológico, empezaron a preocuparse porque muchos de los directivos locales de la YMCA eran solterones cuya motivación principal en la vida era la de pasar tiempo con otros hombres. 

En mi propia vida yo vi la misma dinámica: Si vives en una cultura en que la gente no sabe nada de la homosexualidad, entonces no reconocen los indicios de que la gente gay sí existe. Lo que vemos en la sociedad es que, cuando más consciente está la gente acerca de la homosexualidad, mejor reconoce los indicios, y eso es lo que ocurrió en la YMCA. 


El proceso de escribir este libro acompañó mi propio proceso de integrar mi espiritualidad y mi sexualidad y descubrir que los vínculos con otros hombres pueden ser multi-dimensionales, con dimensiones emocionales, espirituales, y físicas.

Al final de la introducción al libro, tú dices que “es posible que muchos hombres en la Asociación YMCA hayan empezado a practicar cruising (encuentros sexuales fugaces y anónimos con otros hombres) como un intento de encausar anhelos que ya no podían expresar en la organización de maneras socialmente aceptables”. ¿No estás coqueteando aquí con la teoría ridícula de Joseph Nicolosi según la cual cuando los hombres quieren tener relaciones con otros hombres es porque fallaron en establecer vínculos emocionales apropiados con otros hombres? 

Cuando escribí este libro yo no sabía de la teoría de Joseph Nicolosi. Mi tesis es que si estos hombres no pudieron establecer un compromiso cariñoso, un compromiso que podría tal vez haber incluido una dimensión sexual, es porque se hallaron en una situación que no les permitía ser más abiertos. Cuando a una persona le reprimen la oportunidad de expresar el aspecto físico de una relación que tiene un componente emocional o espiritual, tal individuo tiende a bloquear la sexualidad de dicha relación y expresarla de maneras totalmente diferentes. 

El proceso de escribir este libro acompañó mi propio proceso de integrar mi espiritualidad y mi sexualidad y descubrir que los vínculos con otros hombres pueden ser multidimensionales, con dimensiones emocionales, espirituales, y físicas. Y lo que vi es que cuando los hombres de la YMCA practicaban el cruising, la unidad de atracción se fragmentaba: en vez de poder reconocer la atracción física como parte de una relación que ya tenía componentes emocionales y espirituales, tenían que canalizar la sexualidad de maneras que en mi opinión no son saludables. 

Uno de los escándalos de cruising de la Asociación YMCA ocurrió aquí en Pórtland, Oregón. Cuando investigué el tema, vi ejemplos de vidas que se arruinaron. Fue un escándalo devastador que involucró a gente respetable, directivos y miembros de la Asociación. La situación me hizo reflexionar. Qué trágico que no se le permita a la gente que exprese su amor mutuo de manera más directa y más integral. Yo creo que esta actitud lamentablemente todavía la vemos hoy en la sociedad y en las iglesias conservadoras: La manera en que estas instituciones reaccionan ante la homosexualidad nos fuerza a fragmentar en vez de integrar. 

En el libro tú cuentas de Samuel M. Sayford, que era famoso por hacer presentaciones en la Asociación denunciando los supuestos “peligros” y “males” que él asociaba con la masturbación. Yo creo que hay similitudes entre la actitud victoriana de Sayford y un famoso discurso en que el Élder Boyd K. Pácker condena la masturbación: Ambos discursos se dieron en un ambiente “solo para varones jóvenes”, es decir, segregado por sexo, discreto y casi confidencial. Yo creo que también hay similitudes en el uso de expresiones eufemísticas, tales como “pureza” y “abusarse a sí mismo” (“self-abuse”), que era una manera eufemística de hablar de la masturbación sin tener que usar la palabra. ¿Has notado estas similitudes? 

Mi interés en este tema está vinculado al ambiente en el que me crié. A diferencia de la gran mayoría de las personas, los que crecimos en familias mormonas recibimos una educación victoriana en lo que atañe a la sexualidad. Como en la cultura victoriana, en el mormonismo la gente evita hablar abiertamente del tema sexual. La palabra “masturbación” se evita por completo, excepto en ciertas situaciones muy parsimoniosas. Cando yo tenía diez años, una pandilla de graffitteros escribió en la entrada de la casa de mi mejor amigo la prohibidísima palabra “fuck”. Cuando le pegunté a mis padres el significado de esa palabra, mi papá me hizo sentar y me dio un discurso sobre la sexualidad. ¡Se sentía tan incómodo de hacerlo! Trató de explicarme lo que es el sexo entre el hombre y la mujer, pero lo hizo tan mal que no entendí nada. Todo lo que el discurso hizo fue confundirme, y de hecho no fue sino hasta los 18 años de edad, cuando empecé la universidad, que comencé a entender algo sobre el tema sexual. Aunque parezca extraño, ese es el ambiente en que yo crecí. De manera que sí puedo ver muchas similitudes entre las actitudes hacia la sexualidad en el Siglo 19 y las actitudes de la cultura mormona en que me crié. 


Me sentí atraído a investigar la Asociación YMCA, en parte, proque el intenso compromiso evangélico de estos jóvenes y la intensidad de los vínculos que creaban entre sí me recordaban de mi propia experiencia como misionero.

En la bibliografía de tu libro mencionas el libro de D. Michael Quinn sobre la dinámica entre personas del mismo sexo. En el Siglo 19 hombres y mujeres pasaban mucho tiempo segregados del sexo opuesto pero conviviendo con el sexo propio, lo que Quinn llama situaciones de homosocialidad. ¿Crees que hay paralelos entre la homosocialidad que los hombres del Siglo 19 experimentaban en la Asociación YMCA y las experiencias que los hombres y las mujeres del mormonismo tienen actualmente en el Centro de Capacitación Misional y como compañ[email protected] de misión?

Mike Quinn explica en su libro que en Siglo 19 la cultura limitaba el contacto entre hombres y mujeres y favorecía la tendencia a crear vínculos con personas del mismo sexo. Pero como dice Quinn, esto no ocurría solamente en la cultura mormona, sino en toda la cultura predominante de la época. Esta homosocialidad del Siglo 19 está ampliamente documentada por otros historiadores. Y así es que hay paralelos entre la investigación de Mike y la mía. 

Me sentí atraído a investigar la Asociación YMCA, en parte, proque el intenso compromiso evangélico de estos jóvenes y la intensidad de los vínculos que creaban entre sí me recordaban de mi propia experiencia como misionero. Yo era un miembro muy devoto de la Iglesia, tenía un testimonio muy sólido del evangelio, y cuando estudié la Asociación de Jóvenes Cristianos noté en esos jóvenes el mismo fervor espiritual. Me sentí atraído a estudiar este tema por mi experiencia en el mormonismo. 

En el libro tú dices que has mantenido intensas relaciones con amigos del mismo sexo en contextos religiosos: darse abrazos, acariciarse y a veces hasta dormir en la misma cama, pero sin incluir actos explícitamente sexuales. ¿No te parece que esa actitud reprimida en una relación es nociva? ¿No te parece que puede llevar a los jóvenes a la ansiedad, a la depresión, incluso al suicidio? 

Esa es una pregunta interesante que escucho hoy por primera vez. Antes de salir del armario, yo tuve una amistad muy intensa con otro joven. Yo no sé si él era gay, aunque supongo que lo era. Teníamos una relación emocional muy intensa y compartíamos mucho juntos. Hubo ocasiones en las que dormimos en la misma cama. Nos abrazamos y nos besamos, aunque nunca de una manera explícitamente sexual. Recuerdo que en una ocasión tuvimos una conversación en la que le dije: “¿No sería formidable si pudiéramos pasar juntos el resto de la vida? Tal vez después que yo me case y tú te cases, podemos vivir en casas contiguas y así estar siempre juntos”. 

Esa amistad me hacía tan feliz. Y honestamente creo que en esa época yo no necesitaba tener un componente sexual en mi relación con él. Lo que a mí me importaba era el vínculo emocional y la conexión con otro ser humano. Ahora yo acepto mi homosexualidad como algo bueno; hace 14 años que estoy en una relación de pareja, y tenemos el componente físico que ha hecho la relación más profunda. Pero en perspectiva, no creo que mi amistad de antaño haya sido una situación nociva, aunque tengo que admitir que no creo que sea nocivo tampoco cuando en dichas relaciones el componente sexual sí existe. 

¿Cómo conociste a Göran, tu pareja de 14 años? 

Aunque no lo creas, lo conocí en un bar gay. Por semanas, tal vez meses, nos habíamos visto en el mismo bar. Cada vez que yo lo veía pensaba que me gustaría conocerlo mejor, pero yo era demasiado tímido como para ir a hablarle. Parece que él había estado observándome y pensando la misma cosa, y una noche en que yo estaba allí él me invitó a bailar, y así es como nos conocimos. 


Para mí, lo que hace que el matrimonio eterno sea eterno es aprender a amar de la manera que Dios ama. Esa es la manera en que entiendo mi relación con mi pareja. Veo la relación como una parte muy importante de mi propio desarrollo espiritual y como parte de las lecciones que tengo que aprender en esta vida terrenal.

Recientemente tú has escrito un artículo en la revistaSunstone en el que dices que ser un mormón gay fiel incluye el honrar y ser fiel a tu pareja. ¿Qué significa para ti llamar a Göran tu marido? 

Como seres humanos, creo que la característica que más se parece a las de nuestro Padre Celestial es nuestra capacidad de amar. Ese amor se expresa de muchas maneras diferentes. Se expresa como compasión hacia aquellos que viven en circunstancias más desafortunadas; se expresa como caridad; se expresa en nuestra habilidad de perdonar a los que nos ofenden. Toda expresión de amor es un aspecto de esta característica esencial, y en mi opinión incluye las relaciones íntimas entre las personas. En toda relación íntima, ya sea gay o buga, para que la relación crezca y se desarrolle los dos tienen que aprender paciencia, sacrifico, consideración, y generosidad. ¡Además tiene que aprender a ser fiel y [email protected]!

Con la guía del Espíritu, he llegado a la conclusión de que la fidelidad sexual representa una característica importante del tipo de amor que necesitamos aprender. Hay lecciones en el amor que no podemos aprender sin este tipo de relaciones. Ahora bien, es cierto que no todos van a tener la oportunidad de tener este tipo de relaciones en esta vida. Si no se te presenta la oportunidad, entonces esa no es una lección que necesitas aprender en esta vida. Pero creo que si recibimos la bendición de estar en una relación de ese tipo, somos llamados a aprender acerca de esta forma de amor. Para mí, lo que hace que el matrimonio eterno sea eterno es aprender a amar de la manera que Dios ama. Esa es la manera en que entiendo mi relación con mi pareja. Veo la relación como una parte muy importante de mi propio desarrollo espiritual y como parte de las lecciones que tengo que aprender en esta vida terrenal. 

Recientemente la Iglesia Mormona amenazó con excomulgar a un hombre mormón gay que se casó con su pareja en Canadá. ¿No te parece que esa reacción indica que la Iglesia está retrocediendo, en vez de avanzar? Ahora hay iglesias que aceptan a la gente gay en todos los Estados Unidos, y sin embargo tú has decidido volver a la Iglesia Mormona. ¿Por qué quieres reconciliarte con una institución tan retrógrada? 

Todos me hacen la misma pregunta. Recientemente he decidido reafiliarme con la Iglesia. Mucha gente piensa que la única manera que puedo volver a la Iglesia es si termino mi relación con mi pareja, me comprometo a vivir una vida célibe y me vuelvo a bautizar de manera formal, pero para mí la experiencia a sido deferente: Lo que yo estoy haciendo es reconocer mi testimonio del evangelio y afirmar de nuevo los principios del evangelio en mi vida. Mi decisión de volver estuvo guiada por el Espíritu y no fue nada que yo esperaba que ocurriera. En el año 2005 asistí al simposio mormón de Sunstone, Mike Quinn me había invitado, y tuve una experiencia espiritual muy profunda. El Espíritu Santo me sacudió y me dijo: “John, es hora de regresar”. Fue el Espíritu el que me empujó a volver. Yo estaba enojado y no sabía cómo reaccionar. Después del simposio volví a Minneápolis y no le dije nada a nadie de la experiencia espiritual que había tenido, pero era una experiencia que no podía negar. 

Con el paso del tiempo, empecé a preguntarme qué iba a hacer al respecto. Lo primero que se ocurrió fue ir a Afirmación. Fui al sitio web y descubrí que no había nada disponible en Minneápolis, así que contacté al director Olin Thomas y le dije que quería ser un contacto de Afirmación en mi ciudad porque necesitaba asociarme con otros mormones. En esa época yo no podía ni imaginarme volver a asistir a las reuniones de la Iglesia. Pero el Espíritu Santo continuó impulsándome. Empecé a asistir a las reuniones en el Barrio Lake Nokomis de Minneápolis y he sentido la guía del Espíritu en cada paso. 

En esta etapa de mi vida, siento que, en la medida de lo posible, tengo que trata de vivir fielmente como un Santo de los Últimos Días. Debido a mi compromiso de pareja no puedo volver bautizarme, eso es algo que mi obispo me dejó bien claro. Pero el obispo también me dejó claro que sí soy bienvenido y quiere que yo asista. Él me alienta a vivir tan fielmente como me sea posible, a observar la palabra de sabiduría, estudiar las escrituras, orar a diario, asistir a las reuniones, y aprender de los líderes. En la medida que lo he hecho, he experimentado bendiciones en mi vida, y eso es lo que importa. Aunque la iglesia haya adoptado una posición anti-gay muy firme, los principios y enseñanzas básicas de la Iglesia son muy útiles y están llenas de potencial. En especial, valoro la manera en el mormonismo entiende la preexistencia, nuestra relación con un Dios que es literalmente nuestro Padre Celestial, y la noción de que esta vida es una etapa de probación y una prueba que nos permitirá ser como nuestro Padre o nuestra Madre Celestial. Para mí, esas enseñazas están llenas de potencial.

A pesar de las enseñazas de la Iglesia en cuanto a la homosexualidad, y a pesar del dolor que me produce saber que debido a mi relación de pareja no puedo ser aceptado como miembro de la Iglesia, nunca antes en mi vida me he sentido con un mejor fundamento espiritual ni tan íntegro como ser humano. 

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